Capítulo
5
Me paré delante del espejo y
estudie el atuendo que tanto me había costado elegir. Tras revolver toda la
ropa del ropero, me decanté por una blusa de seda roja, con escote corazón, que
dejaba a la vista la generosa curva de mis senos; con una falda de tubo negra,
que me quedaba unos dedos sobre las rodillas, y al sentarme, enseñaban más de
la cuenta. Iba subida a unos tacones elegantes, de cinco centímetros, que al
igual que la falda, eran negros con brillantes. Todo el modelito lo retoqué con
maquillaje en tonos ocres muy suaves, un collar largo con una mariposa de
esmeraldas, los pendientes a juego, pero con mariposas más pequeñas, y como no,
el pelo suelto a lo natural, cayendo en suaves ondas sobre mis hombros hasta la
mitad de la espalda.
Mientras me
miraba, me aparté el flequillo del ojo derecho y le sonreí a mi reflejo. Falsa,
era una sonrisa falsa, sin rastro alguno de querer cumplir un trato estúpido.
Miré el reloj
y solté un suspiro; aún faltaban cinco minutos para que Dimitri llegara. Cinco
largos y eternos minutos sufriendo la tortura de los tacones. Estaba dispuesta
a lo que fuera; podía salir a cenar con él, dejar que me desnudara con la
mirada y que en su sucia mente, me follara fuertemente, entrando y saliendo de
mi cuerpo sin darme tiempo a rogar clemencia, conduciéndome al paraíso, para
luego, caer en el infierno… Solté un gemido entrecortado mientras me quitaba
los tacones y con una patada, los mandé lo más lejos posible de mis torturados
pies. Lo que nunca iba a dejar que ocurriera, era que esos finos tacones
sostubiéran mi peso esperándolo, eso solo lo haría cuando tuviera una cita de
verdad, con un chico digno de mi amor y devoción.
Hacía media
hora que Lucius se había ido a trabajar, tras hacerme jurarle que iba a volver
sana y salva y que si mi cita intentaba algo pervertido, que tuviera el spry
contra violadores en la mano –vicios y órdenes de un agente del cuerpo policial–.
Y durante toda esa media hora, me había dado un baño relajante, pintado las
uñas, destrozado el ropero y elegido el maquillaje y los complementos.
Me dejé caer
en la cama soltando un ronroneo y cerré los ojos con fuerza, mientras en mi
mente, se empezaba a desarrollar una imagen perversa y ardiente. Lujuriosa.
Estaba
en una habitación oscura, tumbada sobre una cama con sabanas de satén rojas. El
silencio invadía cada rincón y ni el susurrar del viento era capaz de romperlo.
Levanté la mirada y cerré la boca, ya que de mis
labios había estado a punto de salir una palabrota. Todo porque Dimitri se
alzaba delante de mí, completamente desnudo. Era de torso dorado y esculpido.
Sobre su vientre, había una fina
pelusilla castaña que llevaba directamente hasta una erección permanente,
latente, dura e hinchada, en la punta de la cual, había una gotita de líquido
presiminal. Sus músculos perfectos se tensaban y destensaban mientras tirada de
una cuerda que luego estallaba contra el suelo como si de un látigo se tratara.
Se acercó a mí con lentitud, dejándome fantasear con
todo su cuerpo, se cernió sobre mí y mientras acariciaba las curvas de mis
pechos, me ató las muñecas con la cuerda. Con un solo brazo me levantó y
depositó sobre sus caderas, pegando su erección contra mi vientre y haciéndome
gemir de placer y tortura por no poder tocar, por tener que esperar a que ese
hombre que se creía amo y señor de mi cuerpo, decidiera liberarme de las
cuerdas.
-
Ya
estas lista putita, has sido muy mala, y eso significa castigo, el
tuyo ya lo sabes, voy a fol…
El timbre sonó sacándome de la
fantasía erótica que estaba empezando a tener con el profesor y me levanté
sonrojada y temblando. El deseo estalló en mi cuerpo y temblé con más fuerza
¿Qué me estaba ocurriendo? El timbre volvió a sonar con más insistencia y
anduve notando que el cuerpo no me pertenecía. Al detenerme delante de la
puerta, el timbre volvió a sonar y supe quien podía ser sin necesidad de mirar
por la mirilla.
Con un solo
movimiento abrí la puerta y me encontré con el musculoso pecho de Dimitri
cubierto por una camisa blanca. Me permití bajar un poco la mirada y me relamí
el labio inferior sin poderlo evitar, recordando lo enorme que era en mis
sueños. Oí una leve tos y levanté la mirada para encontrarme con sus ojos. Tan
lujuriosos como siempre, pero un poco alterados, un poco más oscuros, seguramente
por mi extraña forma de actuar.
-
Buenas noches –murmuré asustada,
se había dado cuenta de cómo lo miraba, y estaba segura
de que iba a usarlo en mi contra.
-
Buenas noches –su voz sonó ronca–
¿Estas lista para salir? Tenemos reserva para dentro de media
hora.
Me miré los
pies y negué con la cabeza. Entonces lo hice pasar como la vez anterior y cerré
la puerta, indicándole que me siguiera. Sin darme cuenta, lo guie hasta mi
habitación y por el camino cogí a Kira y la fui acariciando con ternura mientras
ella ronroneaba. Como adoraba a mi bichito y como me adoraba ella, según podía
oír.
Abrí la puerta
de mi dormitorio y entré, seguida por Dimitri, quien observaba fascinado la
forma con la que se frotaba Kira contra mí, antes de observar mi habitación sin
pestañear.
Había una cama
enorme con sabanas blancas, una estantería enorme llena de libros, trabajos de
papá, fotos de cuando era pequeña y mis últimas vacaciones en París y figuritas
que había ido coleccionando con el paso de los años. Estuve a punto de decirle
que no tocara nada, al ver como miraba las figuritas y las fotos, sonriendo de
vez en cuando, pero al final no dije nada, notando como me enrojecían las
mejillas al recordar que había una foto de cuando era pequeña y estaban
bañándome. Lo que más le llamó la atención, casi segura, fue la tela de color
esmeralda que tenía sobre el cabezal de la cama, donde mantenía ocultada una cosa
que nunca había enseñado a nadie.
-
Toma asiento –señalé el sofá de
terciopelo blanco que había cerca de una gran ventana, con
vistas a la fuente de la comunidad.
Sonrió y miró
todos los libros que había sobre la mesita de cristal. En voz baja fue leyendo
todos los títulos.
-
El
gran libro de la ciencia, Tomo I: animales salvajes, Tomo II: miniaturas
del mundo incestivoro ¿Blood on silk? –levantó el libro y me enseño la portada, señalando
a la curvilínea mujer del vestido rojo– ¿Una jovencita como tú lee cosas como
estas?
-
La verdad, prof… Dimitri, tengo
casi veintitrés años, leo cosas como esas y peores, ahora, por
favor, deje mis cosas tranquilas.
Me puse de
rodillas para ir a buscar uno de los tacones, que se abía escondido muy bien
bajo la cama. Maldito, solo me faltaba eso. Noté como la falda me rozaba las
piernas, pero no le hice caso hasta que oí un gemido quedo procedente de la
garganta de Dimitri.
-
Merde, merde, merde –volvió a
gemir y yo segui buscando el tacón desesperada, sin atreverme
a ver que le estaba ocurriendo– DAMN IT2!
En menos de un
segundo, los brazos de Dimitri me levantaron del suelo y me tumbaron en la cama
con rudeza. Poco después sentí todo su musculoso cuerpo sobre el mío,
aprisionándome. Empezó besarme en cuello con besos húmedos y ardientes que me
hicieron retorcer, recordando el sueño. Luego fue bajando hasta apartarme la
blusa para poder besarme el contorno del pecho sobre el sujetador. Lo que supe
a continuación, fue que tenía su mano por debajo de la falda, buscando un lugar
que nadie nunca había visto. Me estremecí al notar su otra mano dirigirse hasta
mis nalgas, masageándolas con furia.
-
Dimitri –mi voz fue apenas un
jadeo y con fuerza apreté las sabanas, notando como se me
tensaban los nudillos.
Mi sueño más
extraño, el más oscuro y por extraño que fuera, el que más me había gustado, se
estaba a punto de cumplir, pero no era de esa forma que quería que pasara, el
sentimiento conocido como amor tenía que regir todos mis actos, y en mi mente
solo había terror mezclado con deseo. Una lágrima resbaló por mi mejilla y él
paro quieto y tembló sobre mí, dándose cuenta de que me estaba asustando. El
silencio lo invadió todo; lo único que se oía en la habitación eran mis
sollozos entrecortados, la respiración forzada de Dimitri y el latir de
nuestros corazones, que iba a mil. Abrí un ojo y su mirada me volvió de piedra,
él mismo estaba de piedra.
-
Lo siento, nunca tendría que
haber hecho eso…
Se levantó sin
dirigirme la mirada, susurro que me iba a estar esperando fuera y salio
cerrando la puerta con dolor, detrás de su espalda. Me levanté con los codos e
hice una mueca mientras me colocaba la blusa en su sitio. Un poco más y Dimitri
me hubiera echo suya. Un segundo más y me habría derretido en sus brazos
rogando que me hiciera lo mismo que en el sueño.
Oí un maullido
agudo procedente del pasillo y agarré el zapato, me lo puse cojeando y salí
asustada, esperando encontrarme a Dimitri torturando a mi pequeña, idea tonta,
pues parecía que le gustaban los animales. Pero claro, después de estar con él
de esa forma, le había cogido un poco de manía.
Para mi
sorpresa, Kira estaba tumbada de espaldas sobre el suelo, dejando que Dimitri
le acariciara la tripa. Me relamí el labio con la sola visión de su mano. ¿Qué
diablos? Sus manos eran asombrosas así que acababa de desvelar uno de los puntos
de la lista.
<<¡Kira! Me estas abandonamdo –bociferé,
mirándola con rencor y celos>>
<<No te enfades pero… miau… sus
manos son asombrosas –ronroneó con más fuerza a medida
que sus manos le acariciaban el cuello>>
<<No, si ya. Asombrosas>>
Dimitri se
detuvo repentinamente, Kira dejo de ronronear, mirándonos alternativamente a
Dimitri y a mí y yo me quedé anclada en la profundidad de sus ojos. Habían
perdido todo rastro de brillo lujurioso y estaban un poco apagados.
-
¿Lista? –asentí con la cabeza y
me tendió la mano. Un poco perturbada, la cogí después de
que Kira se frotara contra mi pierna, en señal de rendición–. Estas hermosa.
Tragué saliva
con dificultad notando el rostro enrojecido, y me dejé guiar por ese hombre a
un lugar sin paradero para mí.
Entramos en el Restaurante de Eva
& El Bar Ganador, y en el mismo momento que pusimos un pie dentro, una
esbelta mujer, de unos treinta años, de radiantes ojos verdes, largo cabelo
negro recogido en un moño mal echo y ceñida en un vestido de tul rojo,
lliscando sobre sus caderas y enmarcandole las piernas, pues el vestido llegaba
hasta el suelo; nos vino a recibir, sonriendo.
-
Bienvenidos, soy Carolina ¿Teneis
reserva?
-
Sí señora, tengo una reserva para
dos a nombre de Rafael.
Carolina se
puso a mirar un enorme libro de cuero, pasando las hojas rápidamente y sonrió
al encontrar el nombre.
-
Señor Rafael –con una pequeña
cruz marcó el nombre de Dimitri –. Veo que pidio
explícitamente una mesa cerca de la ventana con vistas a la avenida. Por favor,
acompáñenme –me dedicó una radiante sonrisa que yo le devolvió cortésmente, y
nos hizo pasar a través de una enorme puerta de cristal.
Mil velas
hicieron que entrecerrara los ojos para poco después, quedarme embelesada. Era
hermoso, único. Mágico incluso me atrevía a decir. Copas de reluciente cristal
se elevaban sobre una mesa de dimensiones exageradas, colocadas formando una
torre estable. Todo el espacioso salón estaba adornado con relucientes
candelabros de plata con velas encendidas que daban una calidez maravillosa al
lugar. Y las mesas… Era fantásticas, cubiertas con finos manteles blancos,
dando una clara visión de informalidad pero una enorme ternura por el trabajo
de dirigir un restaurante.
-
¿Te gusta? –miré a Dimitri para
decirle que si, pero lo vi mirar el suelo y se me encogió el
corazón. Seguía pensando en lo que había ocurrido en mi dormitorio.
Me ayudó a
sentarme y durante toda la velada, estuvo sumido en un silencio abrumador,
rodeado por un aura de oscuridad que empezaba a hacer mella en mí. Sientiendome
menospreciada, empecé a beber y beber. Sin darme cuenta acabé tomandome seis
copas de vino tinto. Con la última me demoré más tiempo, pues me puse a darle
vueltas y a mirar su color mutado por la luz de las velas; era precioso. ¿Cómo no
me había dado cuenta antes?
Nunca había
tolerado bien el alcohol, así que, a la tercera copa, ya estaba achispada, y
con esa última, ya no era un ser racional.
Me levané
contoneando las caderas y me senté en la silla que había al lado del profesor.
Bajo su atenta mirada, cruce las piernas de forma provocativa, haciendo que se
me subiera la falda hasta el muslo. Vi como Dimitri se removia incomodo en la
silla y se mordía el labio sin poder apartar la mirada de su entrepierna.
Dirigi la mirada hasta ese punto y contuve el aliento, pero volví a respirar de
inmediato. Que fácil era excitarlo. Que fácil y que tentador.
-
¿Por qué me ha besado, profesor?
–lo miré y me vi reflejada en sus ojos. Un brillo seductor
dominaba los mios y eso me hizo parecer atractiva y perversa.
-
No tengo nada que decirte.
Se levantó con
paso airado y me indicó que era hora de irse. Pagó la cuenta y mientras lo
seguía, valanceando las caderas, despertando la lujuria de muchos hombres que
me vitoreaban y salvaban cuando me tenían cerca. Me sentía poderosa.
-
Mierda –oí un gruñido quedo
procedente de delante de mí y no pude evitar soltar un ronroneo.
Estaba ganando.
Nos sentamos en un banco en mitad
del parque y con inocente dulzura, le acaricie el brazo e hice que se me
subiera más la falda sin querer. Quería sentir sus manos. Que me acariciara y
me mimara. Todo era culpa del alcohol, pero había algo de deseo carnal
incrustado en mi cuerpo.
-
Mierda –se zafó de mi agarré y se
apartó un poco, haciéndome sentir más fuerte. Quería jugar,
y el sería mi juguete. Mi presa–. Detente Alexia.
Empecé a reír
como un ruiseñor y levanté para estirarme y hacer que Dimitri soltara otra
maldicion.
-
No, Alexia no, recuerda que me
llamo Estrellita –pronuncié silaba por silaba el apodo que él
me había otorgado, solo por ser la mejor
de la Universidad.
-
¿Estas borracha? –volví a reír y
di una vuelta sobre mí misma–. Mierda Alexia, para quieta –no lo
hice–. Te la estas buscando…
-
Eres tu el que se mueve, a mi no
me digas nada –di otra vuelta. Y otra. Y otra más.
Dimitri ahogo un rugido de
frustracion, me agarró del brazo con brusquedad , clavandome las uñas y empezando
a tirarme hasta el coche a tormpicones. Me hizo entrar y cerró la puerta detrás
de mi con brusquedad. Pasasos unos segundos, entró él, con el rostro contraído en una
mascara de furia. No me iba a dar por vencida, podía hacerme lo que quisiera,
pero yo le iba a demostrar que no era tan frágil como todos creían.
Mientras
conducía apretando fuertemente los nudillos, estiré una mano y la deposité
sobre su muslo. En ese momento sonaba la canción Loca de Ana bárbara; canción perfecta para hacer lo que estaba
haciendo. Dimitri se giró unos segundos para mirarme y se le atascó el aire en
la garganta. Soltó un gemido con fuerza y miré el bulto cresciente de sus
pantalones.
-
¡Ya vasta! –giró el coche con
brusquedad y en menos de un segundo, paso de ir a 100, a 200
quilomentros por minuto.
Iba soltando
improperios y maldiciones mientras se intentaba safar de mi mano. Pero me lo
estaba pasando genial y no se iba a librar de mí con facilidad.
Cuando
estaciono el coche delante de una enorme casa de paredes blancas con un jardín
bien cuidado rodeado por una valla de matorrales, me quitó el cinturón, salió
del coche, lo rodeo hasta llegar a mí lado, abrió la puerta para luego rodearme
por la cintura y sacarme casi a rastras del interior caldeado del jaguar.
Con zancadas
rápidas llego delante de la puerta de la casa –usando el sarcasmo –y sacó una
llave que hizo girar, y tras un leve “clic”, la puerta se abrió. A primera
vista todo me anamoró. El recibidor era amplio y sencillo, pero en la sencilles
dominaba la hermosura. Un armario antiguo, un pequeño sillón y cuadros al oleo
colgados en una pared de color oliva; esa era la decoración de esa zona de
suelo de tarima flotante caoba.
Cerré los ojso
y empecé a jadear con solo imaginar lo que me podría ocurrir a continuación: me
empotraría contra la pared y lo desafiaría, para que al final, entre jadeos,
gruñidos, gemidos y caricias, me llevara a la cama. Lugo todo sería tan dulce
como morder la manzana del Paraiso. Casi fue lo que ocurrió.
Subió un tramo
de escaleras manteniendo las zancadas largas. Cuando se detubo, me dejo en el
suelo y empezó a empujarme hasta hacerme chocar contra el bajo de la cama, y
caí soltando un bufido. No me di cuenta de que me encontraba en su habitación,
que no había más habitaciones allí arriba, hasta que abrí los ojos.
Era la
habitación más hermosa que había visto en vida mortal. Amplia, ordenada y
oscura. Una delicia de paredes azul zafiro y suelos oscuros. Me encontraba
tumbada en una cama enorme de mazisos pilares, con sabanas rojas y esponjosos
cojines. Una de las paredes estaba plagada de ventanas enormes y delante de
ellas, había un sofá de cuero blanco cubierto de cojines, con una mesa de
cristal cubierta de libros y un jarron con lirios, todo bañado con la pálida
luz de la Luna. Disponía de un balcón privado, enorme, en el que había unas
butacas de juncos y una mesa a juego. Sobre la cama había una replica de La Primavera, hecha por Botticelli entre
el 1480 y 1481. Era imposible, pero yo
también tenía una copia en mi dormitorio escondida detrás de la cortina
esmeralda. En la otra punta del dormitorio, había una mesa grande, también de
cristal, llena de papeles y fotografias. Me imagine a un pequeño Dimitri, de
mejillas sonrojadas, jugando con un perro que le sacaba, por lo menos, dos
cabezas, y empecé a reir descontroladamente mientras soltaba un hipido. Delante
de la mesa, había una silla rotadora de cuero negro. Me lo imagine allí sentado
preparando los examenes y quedandose dormido después de trabajar mucho, y
empecé a reir nuevamente hasta agarrarme el estomago de dolor.
-
Estrellita –vi que sus ojos
habían perdido toda la lujuria y que en ellos solo quedaba un rastro de
dolor helador–. Dios… ¿Qué clase de monstruo soy?
Lo miré y
suspiré mientras me enroscaba sobre mi propio abdomen. Sin pensarlo mucho, ya
que mis neuronas estaban siendo destruidas por el alcohol comenté en voz demasiado
guturral:
-
Uno que esta para comerselo y que
se cuela en mis sueños sin permiso.
-
¿Sueños? –no dije nada y Dimitri
se sentó en la cama, levantó la sabana y, a duras penas, logro
taparme–. No me importa todo esto ahora, más tarde me lo contaras todo, por
ahora, solo quiero que descanses. Estaré en la planta baja si me necesitas.
-
¡No Dimitri! –lo agarré por la
muñeca antes de que se pudiera levantar–. Besame, besame mucho
–murmuré soltando un hipido.
Abiró los ojos
impactado y se inclino sobre mi rostro aspirando mi aroma. Pensando que me iba
a besar como le había pedido, cerré los ojos, pero lo único que sentí, fue un
leve rocé en la frente.
-
No pienso hacer nada hasta que no
estes sobria. No queremos problemas con el consejo de
profesores y estudiantes.
Se levantó y
abandono el dormitorio, dejando que se me enfriara todo el cuerpo. Murmuré algo
parecido a “cobarde” pero un hipido lo distrociono. Luego empecé a soltar una
sarda de maldiciones por lo bajo que se acabarón convirtiendo en gritos.
Cerré los ojos
con fuerza pensando que no iba a lograr dormir sabiendo que él se encontraba en
la planta baja, pero me dormí pocos segundos después de cerrar los ojos.
Me desperté
sobresaltada, notando todo el cuerpo revuelto y busqué el reloj. Eran las dos
de la madrugada y me iba a estallar la cabeza.
Me levanté
temblando y al llegar a las escaleras que comunicaban esa segunda planta con la
primera, las empecé a bajar con mucho cuidado. Al llegar al rellano, busque el
salon, el cual encontré con mucha facilidad, porque podía oír leves ronquidos
procedentes de allí.
Cuando vi a Dimitri, me mordí el labio y me senté en el
suelo, dejando mi cara a pocos centímetros de la suya. Era tan hermoso que
hasta daba ganas de llorar. Tenía la piel fina y dorada, pero no quemado, más
bien pálida, con el pelo desordenado, cayendole sobre los ojos, que se movían
por debajo de los parpados, en un sueño inquieto.
Dormido,
alargó una mao y se frotó los ojos sin ser consciente de ello.
Lentamente,
mientras pasaban los minutos, fui cerrando los ojos nuevamente y antes de que
me quedara completamente dormida, pose mis labios sobre su cuello y lo bese y
lami un poco, dejando una pequeña marca morada.
-
Aquí tienes, Di-mi-tri. Mi regalo
por la cena y dejarme quedar en tu casa.
Recosté la
cabeza sobre un brazo y me quede dormida contemplando como lo había marcado. A
la mañana siguiente, cuando lo viera, se iba a desatar el Infierno en la
Tierra.
Damn it2. Del fránces <<Maldita sea>>
sube ya el seis !!!!!!!!!!!!!!!!!!
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