Capítulo 18
Y, como no, volvía a llegar tarde. Desde que había empezado el curso no era
yo. Estaba más distraída, más torpe, más... Todo. Constantemente mi mente
"despegaba" de la Tierra y me adentraba en un lugar más cálido, más
perverso, más sensual, más... Dimitri. Él era el motivo por mi cachonda mente.
Desde que lo había visto entrar en clase el primer día, con el pelo rebelde y
un botón de la camisa desafiante, en mí se había abierto un apetito feroz, algo
que nunca antes me había ocurrido. Mis entrañas se contrajeron dulcemente,
notando como el deseo me carcomía, me frustraba. Maldita sea, estaba deseosa de
tener un orgasmo; nunca me había atrevido a proporcionarme placer a mí misma,
pero el fin de semana que se acercaba lo iba a aprovechar. Iba a descubrir que
era el placer de un orgasmo propio, sin necesitar la presencia de un
"macho".
Parada delante de la puerta, me relamí los resecos labios y entré en clase
bajando la cabeza, esperando la reprimenda de ese sexy profesor que se
encontraba sentado sobre el escritorio, vistiendo de forma informal pero
sensual -vaqueros desgastados, una camisa roja que se le pegaba al cuerpo como
una segunda piel, y sin corbata. Con lo que me ponía cuando iba con corbata...
-. Cerré la puerta con cuidado y fui andando con lentitud hacia mi eterno
asiento. La única reprimenda que recibí por llegar por... quinta vez tarde, fue
un gruñido ronco que resonó en toda el aula.
Sin levantar aún la mirada, me senté cruzando las manos sobre las rodillas
y, muy suavemente, murmuré un saludo hacia Elliot y Penelope, quienes me lo
devolvieron con el mismo tono de voz, o sea, carentes de emoción y sin apartar
la vista del frente, controlando que la fiera no se lanzara sobre uno de
nosotros para descuartizarnos con sus comentarios sarcásticos e hirientes.
La voz provocadora y sensual de mi amado profesor llenó la estancia,
empezando la clase de una forma muy, muy peculiar:
