Capítulo
2
Llegaba
tarde…
Apenas pasaban unos segundos de la hora
en la que había quedado en reunirme con el profesor, pero yo ya estaba
temblorosa, sudorosa y nerviosa, porque según muchas historias que había oído
de él durante todo el año, odiaba que lo hicieran esperar, y más, si se trataba
de una mujer. Me paré delante de la puerta, eran las 7:01, un minuto tarde y ya
me estaba despidiendo del mundo.
Di tres leves y rápidos golpes con los
nudillos sobre la puerta y esta se abrió con brusquedad. Si no hubiera dado un
paso hacia atrás a causa del sobresalto, me habría comido el musculoso y bien
formado torso de Dimitri, se notaba que hacía ejercicio diariamente y que en
ese momento estaba enfadado. Estaba muy enfadado. Más de lo que podía imaginar.
Solté aire entrecortadamente y lo miré a los ojos por primera vez, sintiéndome
inquieta; eran profundos y oscuros, pero en el fondo se podía vislumbrar un
brillo tierno. ¿Tierno? ¿Qué tenía de tierno ese maniático del sexo? Le dedique
una sonrisa de disculpa y eso hizo que se enfadara más. Me cogió de la muñeca
con fuerza y me arrastro dentro de la clase cerrando la puerta con fuerza.
-
Llegas
tarde Alexia –me sorprendió que me llamara por mi nombre –. No me
gusta que me hagan esperar, y menos cuando se trata de una mujer hermosa.
-
Lo
siento…
¿Acababa de llamarme hermosa? ¿O estaba
delirando por haber dormido poco? Bueno, era exactamente lo mismo.
-
Espero
que no se vuelva a repetir, Alexia –me soltó y su mirada se
suavizo un poco.
-
No
se volverá a repetir porque no pienso dejar que me trates cómo
si fuera tu propiedad, cacho animal. Soy una mujer, pero no soy débil.
Se giró y rápidamente clavó los dedos en mis caderas para entonces, empezar a empujarme hasta hacerme chocar contra su mesa y me miró cabreado. Sus ojos habían perdido todo rastro de ternura que pudieran albergar y en ellos solo había un odio e ira crecientes.
-
No
tientes a tu suerte Estrellita. Por norma general tengo extrictamente
prohibido tocar a una alumna sexualmente, pero también soy un hombre, y si digo
que odio que las mujeres hermosas me hagan esperar, tómatelo como un cumplido y
no me hagas perder el tiempo. Ahora prepárate, nos vamos de caza.
No podía ser… el mensaje que me había
mandado iba en serio ¡quería capturar al pobre animal que yo había librado el
día anterior! ¡No se lo iba a permitir!
Sacudí la cabeza, diciéndole claramente
que no lo iba a hacer y lo miré con una mirada que, si hubiera matado, el ya no
estaría en pie. Una sonrisa de suficiencia se dibujo en sus labios y algo
extraño se apodero de mí, haciendo que tuviera que hacer un gran esfuerzo para
no lanzarme sobre ellos y empezar a lamerlos como una gata en celo, parecían
tan dulces y lo dulce a mí me volvía loca. En especial el chocolate.
Mentalmente me pegue una patada por tal pensamiento y me obligue a pensar en
otra cosa.
-
No
la encontrará profesor, una vez que un animal, sea de la especie
que sea, es liberado en un habitad parecido al suyo de origen, esta prohibido
sacarlo de allí.
Chasqueo la lengua y me miro como si
acabará de darle un puñetazo. Con expresión de asco me soltó y se aparto un
paso. Bien, me acababa de ganar su desagrado, porque él sabía que tenía razón y
no había forma de romper esa regla o acabaría en la cárcel; y ese era un gran
paso, solo me quedaba seguir haciéndolo hasta que me odiara. Pero antes de que
pudiera seguir soltando idioteces, asintió con la cabeza y me dejo para
sentarse en su mesa. Cogió un folio en blanco y me lo tendió.
-
Quiero
que redactes aquí una disculpa de cien palabras por haber
perdido a esa rana de pecho dorado. Cuando acabes, quiero que prepares los
materiales para la clase de hoy, luego te explicare como.
-
Como
usted diga, profesor –cogí el folio con reticencia y lo debe
por la mitad, mirándolo cabreada. Ese hombre me tenía harta.
Me senté en mi sitio y cogí un
bolígrafo, lápiz y tipex. Primero usé el lápiz para escribir con trazos
rápidos:
Prof. Dimitri, pido formalmente
disculpas por no darme cuenta hasta hoy que es un completo cabrón.
Me alegró mucho de haber salvado a esa
pequeña rana porque, lo que usted me estaba pidiendo era una atrocidad.
¿Sacrificar una vida por un estúpido experimento? No me haga reír.
Bueno, solo espero que el jefe de
estudios lo encuentre manoseando a una alumna –ósea, rompiendo lo que usted
conoce como “norma general”– y que lo echen a patadas, para que entonces, lo
envíen a un juez para que lo castiguen con sus actos in ortodoxos.
Atentamente, una alumna poco enfadada
por sus acciones.
P.D.: Le pediría perdón por soltar a
la rana, pero me enseñaron que estaba muy mal mentir. También quiero decirle
que he escrito más de cien palabras, no se ofenda, creo que si no he contado
mal, tiene que haber unas... 144. Alexia Marroway.
Solté una leve carcajada mientras acababa
de escribir eso y Dimitri, antes de que me diera cuenta, me había arrancado la
carta y la estaba leyendo. Al principio no mostró señales de enfado, pero a
medida que la lectura avanzaba, su rostro fue adquiriendo un tono sombrío,
mientras su mirada se volvía de hielo.
-
Se
cree muy inteligente ¿verdad, señorita? –adoptó un tono de voz
cordial pero burlona–. Pero no es tan inteligente como cree, pues, como soy el
profesor, opino que va a suspender el próximo examen a realizar.
-
Yo
no estoy tan segura, profesor.
-
¿Qué
se apuesta, señorita? –mientras pronunciaba esas palabras se
relamió el labio inferior y su sonrisa de superioridad desapareció, dando paso
a una sonrisa lenta y sensual.
No hice caso de ese gesto, y con voz
cortante musité:
-
Lo
que usted quiera, profesor.
-
Muy
bien, si sacas una media inferior a 35 puntos, tendrás una cita
conmigo.
-
¿Y
si apruebo?
-
La
dejaré en paz, pues prefiero a alguien que me vea tal y como soy,
pero usted me ha tentado –lo medité unos segundos– ¿Hay o no hay trato?
Me lo quedé mirando fijamente, meditando
lo que hacer.
-
Esta
bien –de las manos le arranque el papel dónde había escrito la
“burla-disculpa” y escribí todo lo que acabábamos de decir. Lo firmé y se lo
entregué–. Firme, profesor, este papel, simboliza el pacto que acabamos de
hacer.
Tras sonreír de forma extraña, firmo el
papel y lo ocultó dentro de su maleta.
-
Muy
bien, ahora vaya a escribir una disculpa como Dios manda y
luego le pediré que organice la clase. A ver que tal se le da a una mujer hacer
esto.
Me estaba retando, y eso no se lo iba a
permitir nunca, antes me cortaba las venas que sucumbir a sus “insultos” por el
simple hecho de ser mujer.
Media
hora más tarde todo estaba colocado. Había tenido que unir las 16 mesas del
laboratorio en grupos de cuatro. Sobre cada mesa había un microscopio con una
caja llena de muestras: óvulos de flores, sangre animal y humana, células
celébrales de un pájaro, saliva de gato… Todo dispuesto perfectamente en orden
y con una etiqueta identificativa.
Me dejé caer en la mesa que iba a ocupar
junto a Lawrence, Edith y Guideon y me miré las uñas aburrida. Aún faltaba
media hora para que empezaran las clases y yo estaba condenada a quedarme allí
hasta que eso ocurriera. Miré a Dimitri que leía entretenidamente una revista
sentado sobre su mesa y luego miré por la ventana; solo habían pasado dos
minutos desde que había ocupado esa mesa.
Entonces, empecé a pensar en la estúpida
apuesta que acababa de proponerle al profesor. Era imposible que yo
suspendiera, pero él me había tentado de tal forma que… solo se me ocurrió
aceptar el reto sin pensar en nada más.
Metí una mano distraídamente dentro de
la mochila y saque un cuaderno, bolígrafos de distintos colores y el libro de
ciencias. Abrí el libro por el tema en el que nos encontrábamos “La evolución”
y lo leí y tomé apuntes y resúmenes hasta que me di cuenta de que todo eso ya
me lo sabía de memoria.
Solté un suspiro y volví a mirar el
reloj; solo habían pasado diez minutos desde que lo había mirado por última vez.
<<Maldito el día
en que se descubrió el paso del tiempo –pensé con sorna mientras volvía a meter
la mano en la mochila, esa vez, para sacar un fino libro de cubierta púrpura
–prefiero distraerme antes que dejar que se me acerque ese tío>> Lo abrí por
donde el punto marcaba –página 214– y empecé a leer:
-
Tiraré
a una virgen, seré divertido –susurró Nath mientras veía como Sara enrojecía y se cubría el cuerpo con la
sabana –eso fue lo que me dijeron todos antes de que te llevara a la cama, y
hay que confesar, que no fue nada divertido.
Sara
soltó una leve risita y el color bermellón de sus pálidas mejillas empezó a
desaparecer y dejó de apretar la sabana contra su cuerpo.
-
A
mi también me dijeron algo antes de acostarme contigo, cariño, me dijeron:
“Asegúrate de dejarle la espalda echa un cuadro y luego hazle una foto,
nosotras sabemos como eres, y eso duele que te cagas”
Sara
cogió el móvil y le enseño a Nath una foto de él con la espalda llena de
arañazos. Algunos muy profundos y otras que eran muy leves.
En
el rostro de Sara se dibujo una expresión de triunfo y salió pitando de la cama
riendo a todo pulmón. Antes de que llegara a la puerta, las manos de Nath la
agarraron por la desnuda cintura y…
-
¡Estrellita! –miré a mi alrededor como si me
acabara de despertartar.
Dimitri estaba delante de mis narices sosteniendo
mi libro entre las manos y me di cuenta de que no era que me pareciera que
acababa de despertar, era que realmente me acababa de despertar y el libro
había resbalado de mis manos, y al chocar contra el suelo, había producido un
sonido alarmante.
Parpadee un par de veces y me di cuenta,
con sorpresa, que Dimitri no llevaba la camisa bien abrochada. Sin que mi
cerebro tuviera tiempo de pensar, alargué las manos y empecé a desabrocharle
los botones, conteniendo el aire al ver la perfección de su dorado y musculoso
torso. Oí como un leve gemido resonaba en el aire, haciendo eco en las desnudas
paredes del laboratorio, y me pregunté quien de los dos habría sido. Lo noté
temblar bajo mis manos y entendí que el gemido había sido suyo. Era demasiado
grave para ser mío. Lentamente, y empezando a respirar, le empecé a abrochar
bien los botones, mientras Dimitri me miraba con ojos inquisidores y
fascinados. Al acabar, le di un golpecito en el pecho y sonreí:
-
Para
que después me diga que soy mala alumna. Lo acabó de librar
de una buena reprimenda por mal atuendo.
Mirándome aún estupefacto, alargó una
mano y me acarició la mejilla. Como si fuego lo hubiera quemado, dejó mi
mejilla y sonrió con malicia.
-
Y
luego dices que soy yo el que tienta a las chicas, cuando tu te
dedicas a desnudar a todo hombre que se te ponga por delante –enrojecí con
furia pero Dimitri hizo como si no lo hubiera visto–. Tienes suerte de que
estemos aquí Estrellita, mucha suerte, porque pocas veces dejo que una mujer me
toque y se vaya tan pancha.
-
Aparta
–me miró mientras se relamía el labio inferior y se quedó anclado
en el mismo sitio– profesor, he dicho que se aparte o llamo a seguridad.
Se separó mientras levantaba las manos
en señal de “vale, vale, ya me rindo”, pero cualquiera hubiera notado que lo
hacía con burla, como si estuviera esperando encontrar la oportunidad de volver
a la carga. Se volvió y paró delante de la ventana, mirando hipnotizado como se
movían las nubes lentamente. Mientras tanto, saqué el libo y empecé a hacer
apuntes mientras los alumnos empezaban a llegar y ocupaban sus respectivos
lugares. Solo faltaban dos días para el examen, todos estaban muy nerviosos,
porque conocían la dificultad de dicho examen, y solo para aclarar las cosas,
no estaba dispuesta a salir con Dimitri en una cita.
VIDA:
ORIGEN Y EVOLUCIÓN.
Plantas
y animales: Proceso de cambios graduales = evolución. De anteriores ya extintos
(solo fósiles). Actuales.
Tribios
y amionios = hace millones de años. Todos los seres vivos proceden del mar.
Evolución.
Cambió condiciones de vida. Lo extinto NO evoluciona.
IMPORTANTE:
CHARLES
DARWIN (1809 – 1882). Teoría de la selección natural (1859)
(ADN):
Contiene instrucciones codificadas (comportamiento celular)
Edith se sentó delante de mis narices y
aparté la mirada sintiéndome abochornada por el recuerdo de la otra tarde.
Ella, solo para joder, sonrió imitando la sonrisa superficial de Dimitri y se
pasó una mano por sobre la fina camisa que cubría sus pechos.
Antes
de que tuviera tiempo de reaccionar, ya habían pasado tres horas y era el
momento del “descanso”. Todos y cada uno de los alumnos se apresuraron a salir
al patio para librarse de ese bochornoso pasillo. Todos se iban a merendar
tranquilamente mientras yo, tenía que ir a ayudar a Elizabeth a memorizar algo.
Si no me acordaba mal, era una canción, pero desconocía su letra y melodía, ya
que nadie me la había explicado. Habíamos quedado en encontrarnos en el patio,
bajo el enrome roble que nos hizo amigas.
Estaba sentada en cuclillas sobre el
respaldo del banco de piedra, mientras el viento, agitaba tranquilamente sus
pelirrojos tirabuzones. En la mano sostenía la letra de la canción mientras la
leía en voz baja, casi en susurros. Le toqué el hombro y me miró sobresaltada,
con brillantes ojos verdes. Me senté a su lado y después de que se calmara un
poco empezamos a hablar tranquilamente; primero mencionamos cosas personales y
luego cosas laborales.
-
Tienes
que ayudarme con la canción –musitó con voz cortada– tú
ya sabes lo mal que lo hago.
-
No
lo haces mal Elisa, es solo que no practicas lo suficiente ¿Qué
canción es? –miré el papel y leí el título– ¿Adolecence? –Elisa solo asintió y
empezó a tararearla. Casi al instante supe que canción era y la melodía empezó
a fluir solas.
En
el baile eterno nos prometimos/ nos llenó el corazón de mentiras […] En
nuestras camas temblamos/ y entramos en contacto, / como si nuestras manos
estuvieran atadas con un hilo. […] Tomé el martillo y golpee el cristal,/
rompiendiendolo […] Las campanas anuncian el final/ para el ruidoso caballero y
la princesa […] ¿dormimos en camas diferentes?/ Entraste diciendo “Buenas
noches” […] el sonido rebota así como te detengo yo/ y beso tu dedo extendido
[…] La urgencia de correr recorre mi espalda en ese momento […] –entonces
Elizabeth empezó a cantar conmigo, dando a la canción un tono graznante, y me
di cuenta de que no estábamos solas –La sábana me proporciona calor/ y tu
rompiste mi broche/ sin hablar […] Es una infantil excusa para apagar todas las
luces […] El tiempo se ha detenido/ dos personas se abrazan […] Tu aliento
cálido se disuelve/ como el final del tibio abrazo Después de eso no me
moveré,/ porque soy tu caballero.
Bajé la cabeza mientras tomaba una
profunda bocanada de aire, y cuando la volví a levantar vi que Elisa sonreía
radiantemente. En algún punto por detrás de las dos se oían aplausos, pero aún
estaba recuperando el aliento y no me percaté. Cuando estuve lo suficientemente
bien, giré la cabeza para acabar encontrándome con alguien que no quería ver;
otra vez, otra condenada vez, tenía al profesor de biología detrás de mí. La
profesora de música estaba firmemente agarrada a la manga de su chaqueta,
pegando lo máximo posible, los prominentes pechos que poseía, al musculoso
torso de Dimitri. Al ver que la miraba, sonrió felicitándome y pasó unas uñas
perfectamente pintadas de rojo, por su fino cabello rubio. Le brillaron los
ojos de una forma perversa por debajo de las gafas.
Elisa, al darse cuenta de lo que estaba
pasando, sacó una pequeña agenda y anotó algo, para poco después, ponerla
delante de mis narices, tapando la extraña pareja. En el lunes de la agenda,
decía que despertara. Así que, sacudí la cabeza, me giré hacia delante y cogí
la letra para seguir cantando. Me importaba poco si estaban allí o no, yo tenía
que ir marcándole a Elisa las zonas en las que tenía que ir con cuidado con el
cambio de voz, las subidas de volumen, las bajadas...
Cuando volví a mirar por detrás de las
dos, suspiré aliviada, porque él ya no estaba cerca, seguramente estaría en el
coche, en el laboratorio, en los servicios o en su propio despacho, tirándose a
Jocelyn.
Cuando el timbre sonó cinco minutos
después, me despedí de Elisa sumida en mis pensamientos. Ella tenía educación
física y tenía que ir al campo de carreras. Yo tenía lengua y literatura, en el
aula 27, cerca del despacho del director. Andaba sumida en mí mundo y me
plantee ir a decirle al director todos los actos indebidos que había realizado
el profesor Dimitri, pero algo me detuvo. Algo no, alguien. Jocelyn se
encontraba sentada en una silla delante del despacho, y lloraba desconsolada.
Mi corazón dio un vuelco y me acerque a ella silenciosamente para ver que le
ocurría. Le toqué con cuidado el hombro y le pregunté si quería contarme que la
atormentaba. Me lo contó todo como si fuéramos amigas intimas. Según había
entendido, Dimitri al oírme cantar, la había mandado a la mierda y se había
encerrado en su clase, donde ella había logrado escuchar como maldecía entre
dientes y después soltaba gemidos entrecortados.
No era capaz de entender como alguien,
en especial los hombres, podían llegar a ser tan condenadamente hijos de su
madre.
Le susurré a Jocelyn que esperara un
momento y entré en clase para pedirle al profesor que me diera permiso para
quedarme un poco en el exterior, inventando la excusa de que no me encontraba
bien. Aún estaba pálida por la perdida de oxigeno, así que acabó dándome el
permiso y me recomendó que si no mejoraba, fuera a la enfermería. Le di las
gracias por el consejo y salí de clase soltando un suspiro y oyendo como se
levantaban murmullos tras mí partida.
Jocelyn seguía sentada en el mismo
lugar, con la misma expresión, pero había pegado sus rodillas al torso y
empezaba a sollozar levemente.
-
¿Esta
bien, señorita?
-
¿Señorita?
–me miró como si la hubiera insultado– Para mi desgracia,
ya no, tengo 28 años y ya quieren que me case –suspiró con amargura– solo
quiero pasármelo bien antes de quedarme atada a un hombre por culpa de un
papel. A lo mejor, con el tiempo, acabo amando a este hombre, pero no lo
conozco y las cosas no siempre salen como uno quiere…
-
Pero, ¿con el profesor Dimitri?
-
Él
es el más indicado, el único de este centro que tiene una avanzada
experimentación. Lo que he oído, es que su lengua es asombrosa y se encarga de
todo el trabajo, nunca lo he experimentado, pero, si te soy sincera, lo iba a
comprobar en su despacho – <<Lo sabía –gritó
triunfante mí mente, pero a la vez me llené de repulsión>>
-
Profesora,
no necesito detalles, muchas gracias.
-
Lo
siento –me miró como si acabara de despertar– creo que lo mejor
será que vuelvas a clase, yo voy a ver si me calmo trabajando un poco –se
levantó y me mirón gracias por escucharme.
Se dio media vuelta y empezó a andar
moviendo las caderas, no me extrañaba que Dimitri hubiera ido a por ella, era
hermosa, pero sus ojos azules perlados de lágrimas era algo que nadie deseaba
ver ya que le quitaba la belleza.
Me giré y toque levemente la puerta con
los nudillos. Cuando el profesor me dio permiso, entré y me dirigí a mi sitio.
Al sentarme, le pidió a Jeremy, que me miró con sus redondos ojos marrones y el
pelo negro tapándole un ojo; que me explicara lo que había dado hasta el
momento. Diez minutos más tarde, la clase estaba sumida en un silencio
sepulcral, todos haciendo los ejercicios que había mandado al profesor al
enfadarse con un grupito de habladoras. Malditas pijas.
Estuve toda la clase pensativa,
intentando descubrir que era lo que ponía a cien a las mujeres al estar cerca
de Dimitri. Como ya había acabado los ejercicios, saqué un cuaderno de hojas
blancas y con trazos veloces, me puse a
escribir diez posibles soluciones, pero siempre encontraba alguna pega.
Todos los alumnos empezaron a
levantarse, y yo con ellos mientras escondía la lista en el bolsillo trasero de
mis pantalones.
Antes
de que me diera cuenta, el último timbre sonó y me levanté. Elizabeth y Luck
estaban detrás del todo de la clase de matemáticas dulcemente acaramelados. Me
acerqué a ellos silenciosamente y cuando me vieron no pudieron evitar sonreír y
se levantaron sin poderse creer que ya fuera viernes por la tarde. Elisa se
puso a un lado y Luck al otro, encerrándome en un abrazo. Empezamos a andar
mientras se iba tejiendo una conversación típica de cuando estábamos los tres
juntos. Poco después llegaron las carcajadas y finalmente las lágrimas por reír
tanto. Éramos los mejores cómicos del mundo.
-
Oye
Alexia –miré a Luck que me miraba mientras se secaba una lágrimas
¿Se puede saber que has estado escribiendo durante todas las clases? Me tienes
intrigado.
-
Ah,
¿este papel? –introduje la mano dentro del bolsillo y solo sentí
vacío. Metí la mano dentro del otro bolsillo y sentí exactamente lo mismo.
Nada–. Oh mierda –empelidecí– el papel no está…
-
¿Era
algo importante? –la voz de Elisa me perturbo, sonaba estresada.
Lo único que fui capaz de hacer fue asentir.
-
¡Tengo
que encontrarlo! Iros sin mí, luego os busco donde siempre
–empecé a correr por los pasillos
Lo busqué desesperada por el suelo. Como
alguien encontrara ese condenado papel, me iba a meter en un buen lío. Doblé
una esquina sin mirar por dónde iba, y choque con brusquedad contra un cuerpo
duro e inmóvil. Cuando me recuperé del golpe, levanté la mirada dispuesta a
pedir perdón pero a mitad de camino me paré en seco. Dimitri estaba delante de
mis narices, sosteniendo un papel blanco que me sonaba mucho. Su mirada estaba
cargada de odio y llena de oscuridad, que absorbía todo rastro de luz. El
“Diablo” había despertado.
-
Cosas
de D. que pueden poner a cien a una mujer.
<< ¿Su trasero? Hay que decir, que
es asombroso, apretadito y firme, digno de mirarlo horas sin dejar de babear.
<< ¿Sus manos? Según muchos
rumores, tiene manos hábiles en desnudar mujeres. A mí, ese chisme no me va.
NOTA: Manos firmes y cuidadas, da a entender que pretende ser perfecto.
<< ¿Su sonrisa? Es enigmática y
oscura. No mucho a decir, hay veces en las que parece un crió al que le han
regalado un balón nuevo de fútbol. Parece tonto.
<< ¿Su voz? Embriagadora y dulce
cuando menos lo esperas. En esos momentos parece un estúpido enamorado.
<< ¿Sus ojos? Lujuriosos y
alucinantes… Esa mezcla de colores, entre marrón, negro y dorado, me fascina.
<< ¿Su… lengua? ¿Lengua? No
entiendo a que viene el rumor de que lo hace todo con ella. A lo mejor, un día
de estos nos dibuja una rana con la lengua (sarcasmo)
<< ¿Su pelo? No, es normal… creo
yo, a lo menor es suave y aterciopelado como el pelaje de un gato persa recién
peinado ¿o no? No se. NOTA IMPORTANTE: descubrir que pasa con ello.
<< ¿Lo de allí abajo? Puede ser un
AS en la cama, pero no estoy dispuesta a probarlo, antes prefiero que me “viole
un pez” –bromita privada con Edu-.
<< ¿Su cuerpo? No pongo pegas, pero
es muy musculoso, parece que va a aplastar a alguien, no me va…
<< ¿Su dinero? ¡Bingo! Eso es lo
que buscan todas las zorras de este mundo, un tío con pasta. Me alegro de no
ser de esas.
Lo miré horrorizada mientras acababa de
recitar en voz alta toda la condenada lista. Cuando me taladró con la mirada
entregándome la lista con desdén, vi que en sus ojos ya no había enfado ni ira;
solo un vacío creciente.
-
¿Así
que eso soy pasa las mujeres? ¿Un tío bueno, hábil y rico?
-
Profesor
yo… –no sabía que decir, pues ver su rostro tan cargado
de dolor hizo que se me hiciera un nudo en la garganta, oprimiéndome los
pulmones.
-
Ahórrate
las excusas Estrellita, entiendo que me detestes tanto. Pero
podrías ser valiente y decírmelo todo a la cara, porque lo que más molesta es
que me trates como si fuera idiota.
-
Creo
que sería mejor que me vaya…
-
No,
–me detuve y lo miré, en su mirada volvía a arder un rastro de
ira– antes tengo que hacer una cosa que deseo hacer desde que te vi entrar por
primera vez al laboratorio.
Se movió veloz y me pegó contra la pared
mientras posaba sus labios sobre los míos, ejerciendo una leve presión con la
lengua, para que entreabriera la boca. Así lo hice, mientras soltaba un gemido
y clavaba con fuerza los puños sobre su musculoso cuerpo, intentando safarme de
su agarré. Su lengua rozó la mía con adoración y mi mente estalló en colores.
Moví las manos de su pecho hasta su cuello, acercándolo más a mí y, cuando
llegué a mí destino, le acaricie el pelo. Era suave y fino, una cosa agradable
de tocar. Al notar el rocé de mis manos, profundizó el beso, haciendo que
volviera a gemir mientras empezaba a perder la capacidad de aire guardada en
mis pulmones y entonces, un extraño escalofrío me recorrió el cuerpo hasta
detenerse en mis muslos para luego estallar, quemándome las entrañas.
Sobresaltada, separe una mano de su pelo y la estampé contra su mejilla,
haciendo que soltara una carcajada mientras se sostenía la mejilla golpeada,
que había adoptado la forma de mi mano.
-
Aquí
tiene la respuesta al punto 6, mi lengua, una de las mejores partes
de seducción que mi cuerpo posee. El punto 7 supongo que también tiene que
haberlo descifrado, pues me has acariciado con mucho fervor. Te espero el lunes
temprano, estas castigada por haber mancillado mi virilidad.
Se dio la vuelta y empezó a andar hasta
perderse detrás de una columna, mientras reía a carcajadas y se frotaba la
mejilla dolorido. Me dejé caer de rodillas al suelo mientras me limpiaba la
boca con furia ¡Dimitri Rafael acababa de besarme! Un ángel del infierno me
acababa de robar un ardiente beso y… ¡lo había disfrutado! Me habían excitado y
dejado deseando que sus manos se separaran de la pared y recorrieran mi cuerpo
hasta…
Aish que bien se te dan esas escenas jajajaj sigue escribiendo, es genial :))
ResponderEliminarJajajajaj gracias preciosa, sigo escribiendo porque tengo gente maravillosa que me anima. Ei, que conste que esas escenas son mis preferidas ;)
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