miércoles, 2 de octubre de 2013

Capítulo 2

Capítulo 2










Llegaba tarde…

Apenas pasaban unos segundos de la hora en la que había quedado en reunirme con el profesor, pero yo ya estaba temblorosa, sudorosa y nerviosa, porque según muchas historias que había oído de él durante todo el año, odiaba que lo hicieran esperar, y más, si se trataba de una mujer. Me paré delante de la puerta, eran las 7:01, un minuto tarde y ya me estaba despidiendo del mundo.

Di tres leves y rápidos golpes con los nudillos sobre la puerta y esta se abrió con brusquedad. Si no hubiera dado un paso hacia atrás a causa del sobresalto, me habría comido el musculoso y bien formado torso de Dimitri, se notaba que hacía ejercicio diariamente y que en ese momento estaba enfadado. Estaba muy enfadado. Más de lo que podía imaginar. Solté aire entrecortadamente y lo miré a los ojos por primera vez, sintiéndome inquieta; eran profundos y oscuros, pero en el fondo se podía vislumbrar un brillo tierno. ¿Tierno? ¿Qué tenía de tierno ese maniático del sexo? Le dedique una sonrisa de disculpa y eso hizo que se enfadara más. Me cogió de la muñeca con fuerza y me arrastro dentro de la clase cerrando la puerta con fuerza.
 
-        Llegas tarde Alexia –me sorprendió que me llamara por mi nombre –. No me gusta que me hagan esperar, y menos cuando se trata de una mujer hermosa.

-        Lo siento…

¿Acababa de llamarme hermosa? ¿O estaba delirando por haber dormido poco? Bueno, era exactamente lo mismo.

-        Espero que no se vuelva a repetir, Alexia –me soltó y su mirada se suavizo un poco.

-        No se volverá a repetir porque no pienso dejar que me trates cómo si fuera tu propiedad, cacho animal. Soy una mujer, pero no soy débil.



Se giró y rápidamente clavó los dedos en mis caderas para entonces, empezar a empujarme hasta hacerme chocar contra su mesa y me miró cabreado. Sus ojos habían perdido todo rastro de ternura que pudieran albergar y en ellos solo había un odio e ira crecientes.

-        No tientes a tu suerte Estrellita. Por norma general tengo extrictamente prohibido tocar a una alumna sexualmente, pero también soy un hombre, y si digo que odio que las mujeres hermosas me hagan esperar, tómatelo como un cumplido y no me hagas perder el tiempo. Ahora prepárate, nos vamos de caza.

No podía ser… el mensaje que me había mandado iba en serio ¡quería capturar al pobre animal que yo había librado el día anterior! ¡No se lo iba a permitir!

Sacudí la cabeza, diciéndole claramente que no lo iba a hacer y lo miré con una mirada que, si hubiera matado, el ya no estaría en pie. Una sonrisa de suficiencia se dibujo en sus labios y algo extraño se apodero de mí, haciendo que tuviera que hacer un gran esfuerzo para no lanzarme sobre ellos y empezar a lamerlos como una gata en celo, parecían tan dulces y lo dulce a mí me volvía loca. En especial el chocolate. Mentalmente me pegue una patada por tal pensamiento y me obligue a pensar en otra cosa.

-        No la encontrará profesor, una vez que un animal, sea de la especie que sea, es liberado en un habitad parecido al suyo de origen, esta prohibido sacarlo de allí.

Chasqueo la lengua y me miro como si acabará de darle un puñetazo. Con expresión de asco me soltó y se aparto un paso. Bien, me acababa de ganar su desagrado, porque él sabía que tenía razón y no había forma de romper esa regla o acabaría en la cárcel; y ese era un gran paso, solo me quedaba seguir haciéndolo hasta que me odiara. Pero antes de que pudiera seguir soltando idioteces, asintió con la cabeza y me dejo para sentarse en su mesa. Cogió un folio en blanco y me lo tendió.

-        Quiero que redactes aquí una disculpa de cien palabras por haber perdido a esa rana de pecho dorado. Cuando acabes, quiero que prepares los materiales para la clase de hoy, luego te explicare como.

-        Como usted diga, profesor –cogí el folio con reticencia y lo debe por la mitad, mirándolo cabreada. Ese hombre me tenía harta.

Me senté en mi sitio y cogí un bolígrafo, lápiz y tipex. Primero usé el lápiz para escribir con trazos rápidos:

 

Prof. Dimitri, pido formalmente disculpas por no darme cuenta hasta hoy que es un completo cabrón.

Me alegró mucho de haber salvado a esa pequeña rana porque, lo que usted me estaba pidiendo era una atrocidad. ¿Sacrificar una vida por un estúpido experimento? No me haga reír.

Bueno, solo espero que el jefe de estudios lo encuentre manoseando a una alumna –ósea, rompiendo lo que usted conoce como “norma general”– y que lo echen a patadas, para que entonces, lo envíen a un juez para que lo castiguen con sus actos in ortodoxos.

Atentamente, una alumna poco enfadada por sus acciones.

P.D.: Le pediría perdón por soltar a la rana, pero me enseñaron que estaba muy mal mentir. También quiero decirle que he escrito más de cien palabras, no se ofenda, creo que si no he contado mal, tiene que haber unas... 144. Alexia Marroway.

 

Solté una leve carcajada mientras acababa de escribir eso y Dimitri, antes de que me diera cuenta, me había arrancado la carta y la estaba leyendo. Al principio no mostró señales de enfado, pero a medida que la lectura avanzaba, su rostro fue adquiriendo un tono sombrío, mientras su mirada se volvía de hielo.

-        Se cree muy inteligente ¿verdad, señorita? –adoptó un tono de voz cordial pero burlona–. Pero no es tan inteligente como cree, pues, como soy el profesor, opino que va a suspender el próximo examen a realizar.

-        Yo no estoy tan segura, profesor.

-        ¿Qué se apuesta, señorita? –mientras pronunciaba esas palabras se relamió el labio inferior y su sonrisa de superioridad desapareció, dando paso a una sonrisa lenta y sensual.

No hice caso de ese gesto, y con voz cortante musité:

-        Lo que usted quiera, profesor.

-        Muy bien, si sacas una media inferior a 35 puntos, tendrás una cita conmigo.

-        ¿Y si apruebo?

-        La dejaré en paz, pues prefiero a alguien que me vea tal y como soy, pero usted me ha tentado –lo medité unos segundos– ¿Hay o no hay trato?

Me lo quedé mirando fijamente, meditando lo que hacer.

-        Esta bien –de las manos le arranque el papel dónde había escrito la “burla-disculpa” y escribí todo lo que acabábamos de decir. Lo firmé y se lo entregué–. Firme, profesor, este papel, simboliza el pacto que acabamos de hacer.

Tras sonreír de forma extraña, firmo el papel y lo ocultó dentro de su maleta.

-        Muy bien, ahora vaya a escribir una disculpa como Dios manda y luego le pediré que organice la clase. A ver que tal se le da a una mujer hacer esto.

Me estaba retando, y eso no se lo iba a permitir nunca, antes me cortaba las venas que sucumbir a sus “insultos” por el simple hecho de ser mujer.

 

 

Media hora más tarde todo estaba colocado. Había tenido que unir las 16 mesas del laboratorio en grupos de cuatro. Sobre cada mesa había un microscopio con una caja llena de muestras: óvulos de flores, sangre animal y humana, células celébrales de un pájaro, saliva de gato… Todo dispuesto perfectamente en orden y con una etiqueta identificativa.

Me dejé caer en la mesa que iba a ocupar junto a Lawrence, Edith y Guideon y me miré las uñas aburrida. Aún faltaba media hora para que empezaran las clases y yo estaba condenada a quedarme allí hasta que eso ocurriera. Miré a Dimitri que leía entretenidamente una revista sentado sobre su mesa y luego miré por la ventana; solo habían pasado dos minutos desde que había ocupado esa mesa.

Entonces, empecé a pensar en la estúpida apuesta que acababa de proponerle al profesor. Era imposible que yo suspendiera, pero él me había tentado de tal forma que… solo se me ocurrió aceptar el reto sin pensar en nada más.

Metí una mano distraídamente dentro de la mochila y saque un cuaderno, bolígrafos de distintos colores y el libro de ciencias. Abrí el libro por el tema en el que nos encontrábamos “La evolución” y lo leí y tomé apuntes y resúmenes hasta que me di cuenta de que todo eso ya me lo sabía de memoria.

Solté un suspiro y volví a mirar el reloj; solo habían pasado diez minutos desde que lo había mirado por última vez. <<Maldito el día en que se descubrió el paso del tiempo –pensé con sorna mientras volvía a meter la mano en la mochila, esa vez, para sacar un fino libro de cubierta púrpura –prefiero distraerme antes que dejar que se me acerque ese tío>> Lo abrí por donde el punto marcaba –página 214– y empecé a leer:

 

-        Tiraré a una virgen, seré divertido –susurró Nath mientras veía como Sara enrojecía y se cubría el cuerpo con la sabana –eso fue lo que me dijeron todos antes de que te llevara a la cama, y hay que confesar, que no fue nada divertido.

Sara soltó una leve risita y el color bermellón de sus pálidas mejillas empezó a desaparecer y dejó de apretar la sabana contra su cuerpo.

-        A mi también me dijeron algo antes de acostarme contigo, cariño, me dijeron: “Asegúrate de dejarle la espalda echa un cuadro y luego hazle una foto, nosotras sabemos como eres, y eso duele que te cagas”

Sara cogió el móvil y le enseño a Nath una foto de él con la espalda llena de arañazos. Algunos muy profundos y otras que eran muy leves.

En el rostro de Sara se dibujo una expresión de triunfo y salió pitando de la cama riendo a todo pulmón. Antes de que llegara a la puerta, las manos de Nath la agarraron por la desnuda cintura y…

 

-        ¡Estrellita! –miré a mi alrededor como si me acabara de despertartar.

Dimitri estaba delante de mis narices sosteniendo mi libro entre las manos y me di cuenta de que no era que me pareciera que acababa de despertar, era que realmente me acababa de despertar y el libro había resbalado de mis manos, y al chocar contra el suelo, había producido un sonido alarmante.

Parpadee un par de veces y me di cuenta, con sorpresa, que Dimitri no llevaba la camisa bien abrochada. Sin que mi cerebro tuviera tiempo de pensar, alargué las manos y empecé a desabrocharle los botones, conteniendo el aire al ver la perfección de su dorado y musculoso torso. Oí como un leve gemido resonaba en el aire, haciendo eco en las desnudas paredes del laboratorio, y me pregunté quien de los dos habría sido. Lo noté temblar bajo mis manos y entendí que el gemido había sido suyo. Era demasiado grave para ser mío. Lentamente, y empezando a respirar, le empecé a abrochar bien los botones, mientras Dimitri me miraba con ojos inquisidores y fascinados. Al acabar, le di un golpecito en el pecho y sonreí:

-        Para que después me diga que soy mala alumna. Lo acabó de librar de una buena reprimenda por mal atuendo.

Mirándome aún estupefacto, alargó una mano y me acarició la mejilla. Como si fuego lo hubiera quemado, dejó mi mejilla y sonrió con malicia.

-        Y luego dices que soy yo el que tienta a las chicas, cuando tu te dedicas a desnudar a todo hombre que se te ponga por delante –enrojecí con furia pero Dimitri hizo como si no lo hubiera visto–. Tienes suerte de que estemos aquí Estrellita, mucha suerte, porque pocas veces dejo que una mujer me toque y se vaya tan pancha.

-        Aparta –me miró mientras se relamía el labio inferior y se quedó anclado en el mismo sitio– profesor, he dicho que se aparte o llamo a seguridad.

Se separó mientras levantaba las manos en señal de “vale, vale, ya me rindo”, pero cualquiera hubiera notado que lo hacía con burla, como si estuviera esperando encontrar la oportunidad de volver a la carga. Se volvió y paró delante de la ventana, mirando hipnotizado como se movían las nubes lentamente. Mientras tanto, saqué el libo y empecé a hacer apuntes mientras los alumnos empezaban a llegar y ocupaban sus respectivos lugares. Solo faltaban dos días para el examen, todos estaban muy nerviosos, porque conocían la dificultad de dicho examen, y solo para aclarar las cosas, no estaba dispuesta a salir con Dimitri en una cita.

 

VIDA: ORIGEN Y EVOLUCIÓN.

Plantas y animales: Proceso de cambios graduales = evolución. De anteriores ya extintos (solo fósiles). Actuales.

Tribios y amionios = hace millones de años. Todos los seres vivos proceden del mar.

Evolución. Cambió condiciones de vida. Lo extinto NO evoluciona.

IMPORTANTE:

CHARLES DARWIN (1809 – 1882). Teoría de la selección natural (1859)

(ADN): Contiene instrucciones codificadas (comportamiento celular)

 

Edith se sentó delante de mis narices y aparté la mirada sintiéndome abochornada por el recuerdo de la otra tarde. Ella, solo para joder, sonrió imitando la sonrisa superficial de Dimitri y se pasó una mano por sobre la fina camisa que cubría sus pechos.

 

 

Antes de que tuviera tiempo de reaccionar, ya habían pasado tres horas y era el momento del “descanso”. Todos y cada uno de los alumnos se apresuraron a salir al patio para librarse de ese bochornoso pasillo. Todos se iban a merendar tranquilamente mientras yo, tenía que ir a ayudar a Elizabeth a memorizar algo. Si no me acordaba mal, era una canción, pero desconocía su letra y melodía, ya que nadie me la había explicado. Habíamos quedado en encontrarnos en el patio, bajo el enrome roble que nos hizo amigas.

Estaba sentada en cuclillas sobre el respaldo del banco de piedra, mientras el viento, agitaba tranquilamente sus pelirrojos tirabuzones. En la mano sostenía la letra de la canción mientras la leía en voz baja, casi en susurros. Le toqué el hombro y me miró sobresaltada, con brillantes ojos verdes. Me senté a su lado y después de que se calmara un poco empezamos a hablar tranquilamente; primero mencionamos cosas personales y luego cosas laborales.

-        Tienes que ayudarme con la canción –musitó con voz cortada– tú ya sabes lo mal que lo hago.

-        No lo haces mal Elisa, es solo que no practicas lo suficiente ¿Qué canción es? –miré el papel y leí el título– ¿Adolecence? –Elisa solo asintió y empezó a tararearla. Casi al instante supe que canción era y la melodía empezó a fluir solas.

 

En el baile eterno nos prometimos/ nos llenó el corazón de mentiras […] En nuestras camas temblamos/ y entramos en contacto, / como si nuestras manos estuvieran atadas con un hilo. […] Tomé el martillo y golpee el cristal,/ rompiendiendolo […] Las campanas anuncian el final/ para el ruidoso caballero y la princesa […] ¿dormimos en camas diferentes?/ Entraste diciendo “Buenas noches” […] el sonido rebota así como te detengo yo/ y beso tu dedo extendido […] La urgencia de correr recorre mi espalda en ese momento […] –entonces Elizabeth empezó a cantar conmigo, dando a la canción un tono graznante, y me di cuenta de que no estábamos solas –La sábana me proporciona calor/ y tu rompiste mi broche/ sin hablar […] Es una infantil excusa para apagar todas las luces […] El tiempo se ha detenido/ dos personas se abrazan […] Tu aliento cálido se disuelve/ como el final del tibio abrazo Después de eso no me moveré,/ porque soy tu caballero.

 

Bajé la cabeza mientras tomaba una profunda bocanada de aire, y cuando la volví a levantar vi que Elisa sonreía radiantemente. En algún punto por detrás de las dos se oían aplausos, pero aún estaba recuperando el aliento y no me percaté. Cuando estuve lo suficientemente bien, giré la cabeza para acabar encontrándome con alguien que no quería ver; otra vez, otra condenada vez, tenía al profesor de biología detrás de mí. La profesora de música estaba firmemente agarrada a la manga de su chaqueta, pegando lo máximo posible, los prominentes pechos que poseía, al musculoso torso de Dimitri. Al ver que la miraba, sonrió felicitándome y pasó unas uñas perfectamente pintadas de rojo, por su fino cabello rubio. Le brillaron los ojos de una forma perversa por debajo de las gafas.

Elisa, al darse cuenta de lo que estaba pasando, sacó una pequeña agenda y anotó algo, para poco después, ponerla delante de mis narices, tapando la extraña pareja. En el lunes de la agenda, decía que despertara. Así que, sacudí la cabeza, me giré hacia delante y cogí la letra para seguir cantando. Me importaba poco si estaban allí o no, yo tenía que ir marcándole a Elisa las zonas en las que tenía que ir con cuidado con el cambio de voz, las subidas de volumen, las bajadas...

Cuando volví a mirar por detrás de las dos, suspiré aliviada, porque él ya no estaba cerca, seguramente estaría en el coche, en el laboratorio, en los servicios o en su propio despacho, tirándose a Jocelyn.

Cuando el timbre sonó cinco minutos después, me despedí de Elisa sumida en mis pensamientos. Ella tenía educación física y tenía que ir al campo de carreras. Yo tenía lengua y literatura, en el aula 27, cerca del despacho del director. Andaba sumida en mí mundo y me plantee ir a decirle al director todos los actos indebidos que había realizado el profesor Dimitri, pero algo me detuvo. Algo no, alguien. Jocelyn se encontraba sentada en una silla delante del despacho, y lloraba desconsolada. Mi corazón dio un vuelco y me acerque a ella silenciosamente para ver que le ocurría. Le toqué con cuidado el hombro y le pregunté si quería contarme que la atormentaba. Me lo contó todo como si fuéramos amigas intimas. Según había entendido, Dimitri al oírme cantar, la había mandado a la mierda y se había encerrado en su clase, donde ella había logrado escuchar como maldecía entre dientes y después soltaba gemidos entrecortados.

No era capaz de entender como alguien, en especial los hombres, podían llegar a ser tan condenadamente hijos de su madre.

Le susurré a Jocelyn que esperara un momento y entré en clase para pedirle al profesor que me diera permiso para quedarme un poco en el exterior, inventando la excusa de que no me encontraba bien. Aún estaba pálida por la perdida de oxigeno, así que acabó dándome el permiso y me recomendó que si no mejoraba, fuera a la enfermería. Le di las gracias por el consejo y salí de clase soltando un suspiro y oyendo como se levantaban murmullos tras mí partida.

Jocelyn seguía sentada en el mismo lugar, con la misma expresión, pero había pegado sus rodillas al torso y empezaba a sollozar levemente.

-        ¿Esta bien, señorita?

-        ¿Señorita? –me miró como si la hubiera insultado– Para mi desgracia, ya no, tengo 28 años y ya quieren que me case –suspiró con amargura– solo quiero pasármelo bien antes de quedarme atada a un hombre por culpa de un papel. A lo mejor, con el tiempo, acabo amando a este hombre, pero no lo conozco y las cosas no siempre salen como uno quiere…

-        Pero,  ¿con el profesor Dimitri?

-        Él es el más indicado, el único de este centro que tiene una avanzada experimentación. Lo que he oído, es que su lengua es asombrosa y se encarga de todo el trabajo, nunca lo he experimentado, pero, si te soy sincera, lo iba a comprobar en su despacho – <<Lo sabía –gritó triunfante mí mente, pero a la vez me llené de repulsión>>

-        Profesora, no necesito detalles, muchas gracias.

-        Lo siento –me miró como si acabara de despertar– creo que lo mejor será que vuelvas a clase, yo voy a ver si me calmo trabajando un poco –se levantó y me mirón gracias por escucharme.

Se dio media vuelta y empezó a andar moviendo las caderas, no me extrañaba que Dimitri hubiera ido a por ella, era hermosa, pero sus ojos azules perlados de lágrimas era algo que nadie deseaba ver ya que le quitaba la belleza.

Me giré y toque levemente la puerta con los nudillos. Cuando el profesor me dio permiso, entré y me dirigí a mi sitio. Al sentarme, le pidió a Jeremy, que me miró con sus redondos ojos marrones y el pelo negro tapándole un ojo; que me explicara lo que había dado hasta el momento. Diez minutos más tarde, la clase estaba sumida en un silencio sepulcral, todos haciendo los ejercicios que había mandado al profesor al enfadarse con un grupito de habladoras. Malditas pijas.

Estuve toda la clase pensativa, intentando descubrir que era lo que ponía a cien a las mujeres al estar cerca de Dimitri. Como ya había acabado los ejercicios, saqué un cuaderno de hojas blancas y  con trazos veloces, me puse a escribir diez posibles soluciones, pero siempre encontraba alguna pega.

Todos los alumnos empezaron a levantarse, y yo con ellos mientras escondía la lista en el bolsillo trasero de mis pantalones.

 

 

Antes de que me diera cuenta, el último timbre sonó y me levanté. Elizabeth y Luck estaban detrás del todo de la clase de matemáticas dulcemente acaramelados. Me acerqué a ellos silenciosamente y cuando me vieron no pudieron evitar sonreír y se levantaron sin poderse creer que ya fuera viernes por la tarde. Elisa se puso a un lado y Luck al otro, encerrándome en un abrazo. Empezamos a andar mientras se iba tejiendo una conversación típica de cuando estábamos los tres juntos. Poco después llegaron las carcajadas y finalmente las lágrimas por reír tanto. Éramos los mejores cómicos del mundo.

-        Oye Alexia –miré a Luck que me miraba mientras se secaba una lágrimas ¿Se puede saber que has estado escribiendo durante todas las clases? Me tienes intrigado.

-        Ah, ¿este papel? –introduje la mano dentro del bolsillo y solo sentí vacío. Metí la mano dentro del otro bolsillo y sentí exactamente lo mismo. Nada–. Oh mierda –empelidecí– el papel no está…

-        ¿Era algo importante? –la voz de Elisa me perturbo, sonaba estresada. Lo único que fui capaz de hacer fue asentir.

-        ¡Tengo que encontrarlo! Iros sin mí, luego os busco donde siempre –empecé a correr por los pasillos

Lo busqué desesperada por el suelo. Como alguien encontrara ese condenado papel, me iba a meter en un buen lío. Doblé una esquina sin mirar por dónde iba, y choque con brusquedad contra un cuerpo duro e inmóvil. Cuando me recuperé del golpe, levanté la mirada dispuesta a pedir perdón pero a mitad de camino me paré en seco. Dimitri estaba delante de mis narices, sosteniendo un papel blanco que me sonaba mucho. Su mirada estaba cargada de odio y llena de oscuridad, que absorbía todo rastro de luz. El “Diablo” había despertado.

-        Cosas de D. que pueden poner a cien a una mujer.

 

<< ¿Su trasero? Hay que decir, que es asombroso, apretadito y firme, digno de mirarlo horas sin dejar de babear.

<< ¿Sus manos? Según muchos rumores, tiene manos hábiles en desnudar mujeres. A mí, ese chisme no me va. NOTA: Manos firmes y cuidadas, da a entender que pretende ser perfecto.

<< ¿Su sonrisa? Es enigmática y oscura. No mucho a decir, hay veces en las que parece un crió al que le han regalado un balón nuevo de fútbol. Parece tonto.

<< ¿Su voz? Embriagadora y dulce cuando menos lo esperas. En esos momentos parece un estúpido enamorado.

<< ¿Sus ojos? Lujuriosos y alucinantes… Esa mezcla de colores, entre marrón, negro y dorado, me fascina.

<< ¿Su… lengua? ¿Lengua? No entiendo a que viene el rumor de que lo hace todo con ella. A lo mejor, un día de estos nos dibuja una rana con la lengua (sarcasmo)

<< ¿Su pelo? No, es normal… creo yo, a lo menor es suave y aterciopelado como el pelaje de un gato persa recién peinado ¿o no? No se. NOTA IMPORTANTE: descubrir que pasa con ello.

<< ¿Lo de allí abajo? Puede ser un AS en la cama, pero no estoy dispuesta a probarlo, antes prefiero que me “viole un pez” –bromita privada con Edu-.

<< ¿Su cuerpo? No pongo pegas, pero es muy musculoso, parece que va a aplastar a alguien, no me va…

<< ¿Su dinero? ¡Bingo! Eso es lo que buscan todas las zorras de este mundo, un tío con pasta. Me alegro de no ser de esas.

 

Lo miré horrorizada mientras acababa de recitar en voz alta toda la condenada lista. Cuando me taladró con la mirada entregándome la lista con desdén, vi que en sus ojos ya no había enfado ni ira; solo un vacío creciente.

-        ¿Así que eso soy pasa las mujeres? ¿Un tío bueno, hábil y rico?

-        Profesor yo… –no sabía que decir, pues ver su rostro tan cargado de dolor hizo que se me hiciera un nudo en la garganta, oprimiéndome los pulmones.

-        Ahórrate las excusas Estrellita, entiendo que me detestes tanto. Pero podrías ser valiente y decírmelo todo a la cara, porque lo que más molesta es que me trates como si fuera idiota.

-        Creo que sería mejor que me vaya…

-        No, –me detuve y lo miré, en su mirada volvía a arder un rastro de ira– antes tengo que hacer una cosa que deseo hacer desde que te vi entrar por primera vez al laboratorio.

Se movió veloz y me pegó contra la pared mientras posaba sus labios sobre los míos, ejerciendo una leve presión con la lengua, para que entreabriera la boca. Así lo hice, mientras soltaba un gemido y clavaba con fuerza los puños sobre su musculoso cuerpo, intentando safarme de su agarré. Su lengua rozó la mía con adoración y mi mente estalló en colores. Moví las manos de su pecho hasta su cuello, acercándolo más a mí y, cuando llegué a mí destino, le acaricie el pelo. Era suave y fino, una cosa agradable de tocar. Al notar el rocé de mis manos, profundizó el beso, haciendo que volviera a gemir mientras empezaba a perder la capacidad de aire guardada en mis pulmones y entonces, un extraño escalofrío me recorrió el cuerpo hasta detenerse en mis muslos para luego estallar, quemándome las entrañas. Sobresaltada, separe una mano de su pelo y la estampé contra su mejilla, haciendo que soltara una carcajada mientras se sostenía la mejilla golpeada, que había adoptado la forma de mi mano.

-        Aquí tiene la respuesta al punto 6, mi lengua, una de las mejores partes de seducción que mi cuerpo posee. El punto 7 supongo que también tiene que haberlo descifrado, pues me has acariciado con mucho fervor. Te espero el lunes temprano, estas castigada por haber mancillado mi virilidad.

Se dio la vuelta y empezó a andar hasta perderse detrás de una columna, mientras reía a carcajadas y se frotaba la mejilla dolorido. Me dejé caer de rodillas al suelo mientras me limpiaba la boca con furia ¡Dimitri Rafael acababa de besarme! Un ángel del infierno me acababa de robar un ardiente beso y… ¡lo había disfrutado! Me habían excitado y dejado deseando que sus manos se separaran de la pared y recorrieran mi cuerpo hasta…

2 comentarios:

  1. Aish que bien se te dan esas escenas jajajaj sigue escribiendo, es genial :))

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    1. Jajajajaj gracias preciosa, sigo escribiendo porque tengo gente maravillosa que me anima. Ei, que conste que esas escenas son mis preferidas ;)

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