Capítulo 7
Faltaban
tres días para que cumpliera 23 años, y todo estaba preparado. La lista de
invitados estaba echa, incluyendo a la familia de Angy, amigos y familia em…
¿lejana? Todas las invitaciones estaban mandadas, menos una que reposaba dentro
de mi bolso, con miedo de llegar a las manos de su dueño. El catering estaba pedido,
con bebidas, platos combinados y suculentos manjares que llegarían pronto. Solo
faltaba irme a comprar la ropa que me pondría. Sí, admitámoslo, aún no tenía
nada decidido. No sabía ni el diseño, ni el color, mi el tipo de tela, ni la marca
o incluso los complementos… nada.
Me deje caer sobre la cama y una masa de tul rojo
se ondeo como el oleaje, siendo empujado por el viento. El fino y corto vestido
blanco con pedrería que llevaba puesto, se deslizo sobre mi piel y estuve a
punto de perder un zapato. Tacones, otra vez. El pelo, que en un principio me
había recojido en un moño precioso, dejando algunos mechones sueltos; quedo
aplastado bajo mí propio peso y no puede hacer otra cosa que soltar un
improperio. Había estado dos horas delante del espejo, con peine y laca, ¡para
echarlo todo a perder en dos segundos!
Abrí los ojos y miré distraidamente todo lo que me
rodeaba, pero no había nada nuevo que me interesara; así que, cogí un libro que
tenía sobre la mesilla de noche y me puse a leer, esperando que Angy y Elisa se
decidieran a aparecer, ya que habían sido esas dos, las que me habían
convencido para irnos a comprar ropa nueva. Yo, al principio, había rechazado
la idea porque prefería ponerme un vestido azul marino, de corte elegante y
pedrería, que me habían regalado hacía unos meses, pero todo cambió cuando Angy
dijo que me iba a presentar a su hermano por parte de padre. Acepté
inmediatamente.
Los minutos fueron pasando lentamente, mientras yo,
avanzaba en mi lectura. Una lágrima resbaló por mi mejilla, cuando leí, que la
protagonista y el protagonista –ambos principales– morían por culpa del cáncer,
pero ella, antes de morir, le rogó a los médicos que la dejaran ir a abrazar a
su amado una última vez. Cerré el libro, ya acabado, y lo deje donde antes
estaba. Los autores del 1978, eran los mejores, pero un poco cabrones por dejar
a la gente con el alma marchita de tristeza.
Entonces, oí como Kira, desde el otro lado de la
puerta, soltaba un maullido lastimero y empezó a arañar la puerta, creando un
sonido espeluznante y un tanto desgarrador. Estaba muy alterada, como si algo o
alguien la hubiera incomodado. Antes de que siguiera arañando la puerta hasta el
punto de hacerle un agujero, la abrí y deje que ella entrará, olfateando el
aire como loca. Su lomo estaba erizado al igual que la cola, que se balanceaba
de un lado al otro.
Estaba tan perturbada, que no me permitió entrar en su mente, algo que con el tiempo y un poco de calma, había descubierto que ocurría en todos los animales, ya fueran peces, ratas, perros, gatos, elefantes, lagartos, etc.
Kira, al ver que me estaba preocupando por ella, se
lanzó a mis brazos con las uñas extendidas, y cuando la tuve bien sujeta, ella
empezó a soltar ronroneos un poco más mansa, como si el leve toque de mis
manos, fuera capaz de calmar hasta la más alterada alma. Con lentitud, mucha
lentitud, empezó a dejar de ronronear y su respiración se volvió profunda y
regular. Se había dormido.
Con mucho cuidado la deje sobre la cama y me
preparé para salir. Un poco de brillo de labios por aquí. Un poco de delineador
por allí. Un leve rastro de sombra en ambos parpados ¡Y ya estaba lista para
saquear tiendas! Literalmente.
Salí de la habitación taconeando levemente con los
tacones y miré el único whatsapp que me había mandado Raquel en privado.
Raquel 10:21 <<…
me sentí rara, y entonces leí esto: tú amor, tú cariño, cuando no lo recibía mi
corazón era un desierto. Estaba completamente vacía. Eras parte de mi vida. O
mejor dicho, eras toda mí vida.
Entonces, el nombre de Ink quedó
gravado a fuego tras mis retinas y solo pensar en él, me hizo llorar y morderme
el labio inferior a la vez. No entiendo que está pasando, ya que eso solo me
pasó una vez, y creo que recuerdas mejor que nadie, lo que pasó después.
Alexia, tengo miedo…>>
Yo
sí entendía lo que le estaba ocurriendo, y mejor que nadie, pues a mi me había
pasado durante dos años –casi– con Jack, y a lo mejor, con casi 23 años. Raquel
estaba enamorada hasta la médula de Ink, y una vez que ere amor se hacía tan
grande, era imposible arrancarselo de la cabeza y aún peor, del corazón. Pues
verlo con otras, hacía que te hirviera la sangre de pura ira. Que te abrazara,
te consolaba…
Con dedos temblorosos le envié un e-mail ya que me
hacía pereza tener que pasarme dos largos minutos esperando que se me abriera
la cuenta, luego otro minuto para redactar la cruda realidad de lo que sentía y
treinta segundos para enviarlo. En total, tres minuros y medio para enviar un
whatsapp que solo contenía información tonta pero real.
Miré por la ventana, ya que mientras enviaba el
mensaje me había parecido oír el claxon del descapotable rojo de Angy. Estaba
en lo cierto. Delante de la acera había un flamante BMW coupe rojo cereza. Sali
corriendo de mi habitación, salí de casa cerrando la puerta de entrada con llave,
ya que era un vicio de toda la família, me monte en el ascensor y al salir al
exterior, me lancé a los brazos de Angy. Luego se añadio Elisa y con sorpresa,
vi que en el coche se encontraba Raquel, que según Angy, se había apuntado en
el últim momento porque al final no tenía que ir a visitar a su abuela y
argumentando, que necesitaba tomarse un descanso de los estudios para sacarse
la carrera de latín. Como en los viejos tiempos.
Me miró con radiantes ojos azules y murmuro solo
para que yo lo entendiera “gracias”. Con un leve asentimiento de cabeza, le di
a entender que no había sido nada.
Tras darle dos besos al puro estilo español como
ella, me monté en el asiento de acompañante –como siempre– y después de que
todas ocuparan un sitio y llevaran el cinturón puesto, Angy arranco el coche,
pasando de zero a cinto cinquenta en menos de dos segundos. Todas soltamos
gritos de eufória, haciendo que todos los viandantes nos miraran perturbados y
que algunos adolescentes, los más osados, nos intentaron alcanzar, pero eso,
Angy en ningún momento lo permitia. Nosotras eramos suyas, eso era lo que no
dejaba de gitar mientras sorteaba el tráfico.
Nuestras agudas risas resonaban por la autopisa
mientras nos dirigiamos al mayor centro comercial de Seattle. La música nos
taladraba los oídos y tuve que hacer, al igual que todas, un gran esfuerzo para
no ponerme a cantar a todo pulmón Boy
like you de Ke$ha y Ashley Tisdale. Nos volvíamos locas con esa condenada
cancionsilla y su ritmo.
Cuando el coche se detuvo delante del imponente
centro comercial que se extendía delante de nosotras, me froté las manos
notandolas sudorosas. El centro comercial era un “establecimiento” de diez
plantas, todas y cada una de ellas con centenares de tiendas; ya fueran spas,
estancos, librerias, tiendas de ropa y maquillaje… incluso había una sección
entera dedicada exclusivamente a restaurantes, originada al estilo griego con
mesas de granito redondas, sillas frías, manteles bordados, estatuas de dioses
y replicas de obras de arte. Los exteriores si que eran dignos de admiración,
ya que toda la estructura estaba hecha de cristal y acero. Enormes jardínes se
extendían hasta el limbo de un pequeño laberinto de verdes setos. Aquí y allá,
se distinguian motas rosas, azules, lilas, amarillas… que representaban
frágiles flores que intentaban nacer y sonreír al mundo. Aún que muchas de
ellas, solo llegaban a salir para soltar un suspiro antes de volver a caer
inertes y olvidadas.
Clic.
Un sonido casi desapersivido me extrajo de mis
ensoñaciones y vi, sin sorprenderme, que Raquel, la fotografa del grupo, había
sacado la camara y apuntaba directamente hacia mi rostro de ensoñación. Su
largo, ondulado y rubio pelo se ondulaba, sacudido por un aire cálido y
bochornoso.
Sonrió con picardía y volvio a hacer una foto, esa
vez, apuntando a Angy que ya había empezado a mirar escapates y a babear
mirando unor tacones purpuras; y eso que aún no habíamos franqueado las
imponentes puertas giratorias de cristal que nos impedían el paso. Nos iba a
esperar una tarde maravillosa y yo, iba a ser el centro de atención de todas
las actividades que se realizaran.
La
primera tienda a la que entramos resultó ser una de ropa de estilo gotico, con
paredes pintadas de negro y graffitis en forma de arañas y cruces. La ropa,
pomposa, complicada y negre –en su mayoría– era hermosa, pero no era capaz de
verme con un vestido de esos. Finalmente fue Elisa quien se compro un vestido
corto con capas negras y grises, con un corsé atado desde la cintura hasta el
pecho, con mil cintas, que luego se prolongaba hasta los brazos, como
serpientes y un escote redondo y chic.
Salimos de la tienda, y Elisa me sonrió, mientras
me decía que tendría que haberme comprado el que ella había elegido –minusculo,
con escote en “v”, adornado al completo con exquisita pedreria y una falda
cañida gris sobre la negra del vestido original, con un bordado de arañitas
–¡que horor, arañas!
La segunda tienda que vimos, fue una un poco más
normal, en la que solo encontramos ropa colorida y larga, al estilo hippy. A
ninguna nos gustó ese estilo, así que salimos casi de inmediato.
El tercer lugar, y solo porque Angy había suplicado
como un cachorrito; entramos en una tienda de vestidos de novia. Todos los
vestidos eran largos, pomposos, relucientes y finos. Angy estubo mirandolos
durante mucho tiempo y acabó enamorandose de uno en especial, incluso a mí me
gustó. Era largo y fino, con escoté corazón decorado con pedreria. Era de
espalda desnuda y desde la cintura, el punto donde se unía la tela para formar
la cola, caía una cinta plateada que se ataba con un lazo en la cadera.
Tan emocionadas como estabamos, le dije a Angelica
que se lo probara y mientras ella se vestia con la ayuda de la encargada,
nosotras nos dedicamos a mirar accesorios. Diez minutos después las cortinas
del probador se abrieron, nos giramos para mirar en esa dirección y empezamos a
gritar de emoción ¡Estaba hermosa! Esa mujer, que estaba plantada delante de
mí, con porte de Diosa y vestida como una princesa, iba a casarse con mi
hermano. Iba a convertirse en mi hermana.
Al ver que la miraba conmovida, se me acercó y me
dio un fuerte abrazo, y, como no, Raquel sacó la camara y tomo fotos de todos
los ángulos, mientras lloraba emocionada, estropeandome todo el maquillaje
–tuve que ir corriendo al baño para poder retocarlo–.
Pasamos las siguientes horas igual, entrando y
saliendo de todo tipo de tiendas, buscando el conjunto perfecto.
A las 14:35, nos tomamos un descanso y fuimos a
comer a la sona de restaurantes. Cada una de nosotras eligió algo en
particular. Ya fuera una pizza, ensalada, pasta, carne con salsa, sopa de
marisco…
Yo fui la más normal, ya que elegi, de un
restaurante de comida italiana, una lasaña a la boloñesa con champiñones
gratinados. El dependiente, un joven de unos dieciocho años, alto, rubio, de
nitidos ojos azules y con accento ruso; me regaló un puding de vainilla con
coco y sirope de arce que resultó estar buenisimo.
Comimos tranquilamente, hablando sobre cosas sin
importancia, mientras muchos chicos pasaban a nuestro lado y los más valientes,
dos de cada tres, intentaban entablar combersación con nosotras. Pero al ser
mujeres de un solo hombre, los mandabamos a todos lejos con frialdad,
argumentando que estabamos con alguien –en el caso de Raquel y yo, era mentira,
aún que a ella no le faltaba mucho para que fuera verdad– y Angy, la más
especial e inteligente de todas, levantaba la mano y enseñaba el dedo en el que
llevaba el anillo de compromiso ¡así se iban todos dejandonos en paz!
A las cuatro y quarto, las chicas y yo
salimos del centro comercial llevando miles de bolsas. Tras patearnos tiendas y
más tiendas, habíamos acabado encontrando un modelito que me enamoró. Era un
vestido de color viola, que bajaba liso hasta media rodilla, pero con mil capas
de distintas tonalidades, brillos y bordados. Tenía un escote en forma de
corazón del cual, salia una tira de tela fina y de un azul transparente, que se
ataba en el cuello y caía hasta llegar a la cintura. La espalda, semidesnuda,
estaba decorada con unas cuerdas plateadas que se cruzaban desde las caderas
hasta la mitad de la espalda. Para completar el conjunto, me compré unos
pendientes largos, con hilos de plata de distintos tamaños y que al final de
cada uno, colgaba una estrella diminuta; también compré un collar corto muy
parecido, pero con solo una estrella que quedaba oculta entre mis senos. Los
zapatos eran algo digono de mencionar, recordar y mantener respeto… tacones de
aguja, de unos diez centímetros, muy finos y elegantes, abiertos, estilo
sandalia, con unas “cadenas” de perlas que subian desde la plataforma hasta los
tobillos, abrochandose con una pequeña esmeralda. Al igual que todo el diseño,
los zapatos poseían un leve toque morado, tan hermoso como el vestido.
En
el coche, Angy puso uno de sus CDs favoritos y mientras salía del aparcamento,
se puso a tamborilear los dedos contra el bolante al son de la música. Si no me
acordaba mal, era Laura Pusini o algo por el estilo.
En
la autopista volvió a acelerar mientras gritaba al aire palabras que nadie
comprendía. Conducia pisando el acelerados a fondo, sorteando otros coches como
si se tratara de algo natural y poco peligroso. Todos los coches que ella
pasaba, nos servían a nosotras para jugar a los colores. Elisa coches rojos:
10. Raquel coches azules: 7. Yo coches negros: 11. Volvía a ganar, como
siempre.
Antes
de que nos dieramos cuenta, Angy estaba aminorando la velocidad, deteniendose
delante de una casa que me sonaba mucho. Una casa de paredes blancas y setos
verdes y bien cuidados.
Al
aparcar, Angy saltó del coche sonriendo como una niña pequeña y detrás de ella,
Elisa y Raquel, que la siguieron dando grandes zancadas y respirando con
dificultad para atraparla, pero al ver que yo no me movía, de detubieron,
esperando. Angy, que ya había llegado a la entrada, se puso a golpear la puerta
y a gritar.
-
¡Hermanito! ¡se que estas en casa, he
visto el coche! Abre la puerta y dejame enseñarte todo lo que
hemos comprado hoy.
Siguio
golpeando y cuando me detube a su lado, murmurando que parara de hacer tanto
ruido, que a lo mejor estaba equivocada y no habia nadie, la puerta se abrió y
nos recivió Dimitri, empapado, sudoroso y muy caliente, llevando solo unos
pantalones de correr que se le ceñian de maravilla en las caderas. Sus musculos
se tensaban y destensaban mientras se quitaba el sudor de la frente.
-
Eres más pesada –musió mientras se
empezaba a secar el cuello. Luego vio a Elisa y Raquel, que lo
observaban embovadas, cosa que lo hizo sonreir. Cuando se fijo en mí, soltó un
silvido largo, sonriendo–. Vaya cariño, debes ser una gran cazadora, porque has
cazado mí corazón.
Raquel,
detrás de mí, volvió a tomar una foto: Dimitri encostado en la puerta, como un
Dios semidesnudo, taladrandome con la mirada y sonriendo como un pecador, yo
ruborizada hasta las orejas, aguantando con fuerza la bolsa de las compras y,
Angy y Elisa, con cara de no poderselo creer. Yo era la que no se lo podía
creer ¿¡Dimitri era el hermano, aun que solo fuera por parte de padre, de
Angy?!
Todo
empezo a encajar, ya que los dos eran condenadamente hermosos, habían vivido
mucho tiempo en Europa central y los padres de ambos vivian perdidos por el
mundo. Sin cartas, regalos, ni nada que pudiera delatar donde estaban.
Dimitri
nos hizo un gesto a todas indicandonos que entraramos. Tomo a Angy por la
cintura, mirandome una última vez con una sonrisa maliciosa, le dio un tierno
beso en la sien –Angy era un poco más baja– y le murmuró al oído lo mucho que
la había echado de menos. Mientras nos conducia al salon, el cual yo conocía
muy bien, Angy le fue contando a su hermano todo lo que le había ocurrido en
Europa, que se había agenciado a muchas modelos y que yo era la última que
necesita; tras ese comentario soltó una gargallada y se sacudió a base de
carcajadas, mientras Elisa y Raquel me miraban sorprendidas, sin poder creerse que
su queridisima amiga, fuera a ser “modelo” y lo decía entre comillas, porque aún
no estaba segura. Pero cuando le contó lo que había ocurrido al volver, las
risas cesarón. Al oír que mí hermano, a quien él odiaba a muerte, iba a casarse
com su amada hermana mayor, estuvo apunto de lanzarse contra la pared y
quebrarla con la cabeza. Eso me hizo reír, porque ya había llegado a pensar que
en ese mundo solo le importaba una cosa: tirarse a un par de tias. Cuando
realmente, se preocupaba por su hermana.
Mientras
Angy le iba contando todos los acontecimientos del día, saqué de mi bolso la
última invitación que me quedaba para entregar. Una invitación purpura dentro
de un sobre plateado, en el que había escrito el nombre del propietario con
estilográfica. Di dos pasos largos y me planté delante de él, haciendo que Angy
callara repentinamente. Le tendí la carta a Dimitri y forcé una sonrisa; algo que
empezaba a dominar con la práctica.
-
Profesor, quiero que venga a mi cena de
cumpleaños. Será elproximo domingo 13, en el apartamento
de su cuñado –sonreí al ver la expreción de furia que afloro en su rostro–. No
quiero regalo, solo quiero que me felicite. Si me trae regalo… –me acerqué
mucho a él y susurre rozando con mis labios su oreja– se lo meteré por el culo,
aún que sea algo que no deseo hacer, ni ver.
Tras
mi ocurrencia empezó a reír, contagiando la risa a todas, menos a mí, no estaba
para bromas y él tardó en darse cuenta. Cuando dejo de reír, lo hizo soltando
un silvido que resonó en todo el salón. Sin mediar palabra, se dio media vuelta
y salio, al cabo de unos minutos oí como subía las escaleras a un ritmo lento y
tentador. Como si me invitara a seguirlo.
Cuando
no hubo más ruido, nos sentamos en el gran sofá y empezamos a hablar sobre la
boda. Solo hacía dos semanas que se habían comprometido, pero Angy ya lo tenía
todo planeado. Iban a casarse el veinté de abril, haciendo memória del día que
habían empezado a salir –tres años antes–. La boda iba a ser algo especial,
mesclando la moda de Angy y la sofisticación de Lucius, aunque dejando margen
para los gustos peculiares, como el de Elisa. Para mí desgrácia –no se lo había
comentado a nadie– Angy había decidido que pasaría el día con Dimitri, sin
separarme de él en ningún momento, porque era el único que se mantendría
alejado de la bebida, y Lucius quería que me manteniera cerca de alguien cuerdo,
aún que le doliera que me quedara con Dimitri, prefería que no bebiera y no acabara
como la última vez. Solo había sigo una copa de coñac, pero había acabado
subiendome por las paredes. Habría unos cuatro cientos invitados en el
banquete, pero unos cinquenta en el enlace oficial, contando familiares,
mejores amigos y damas de honor –aún que podrían estar en la categoría de
mejores amigas, yo era una de ellas–.
Acabamos
discutiendo sobre quien iria solo y quien iria acompañado. Angy era la novia,
así que iba a ir acompañada. Elisabeth tenía a Luck, a quien usaría como paño
de lágrimas durante la boda –según me había informado, ya que las bodas la
conmovían– acompañada. Yo, al ser una entrometida, haría todo lo posible para
que Raquel fuera acompañada por Ink, porque ya había notado en el ambiente que
los dos sentían algo, algo fuerte y puro. Yo era el caso especial, iba a estar
acompañada, por petición de mí cuñada, de la persona que más odiaba… aunque mis
sentimientos se turbaran en el fondo.
A las siete y media, me escusé un
moment y fui a la cocina para luego, y sin que me vieran, ir al recibidor y
subir las escaleras que llevaban a los aposentos de Dimitri. Todo estaba
oscuro, pero me resultó muy fácil encontrarlo. Estaba dormido en la cama, sin
camiseta y con Sombra, echo una bolita, recostado en su pecho, ronroneando
levemente.
En
mí estomago afloró una sensación extraña, como leves toques de mariposa y
horrorizada, no pude evitar pensar que me estaba enamorando de mí peor enemigo:
un cabrón inteligente.
Por el amor d dios...es mui bueno o.o
ResponderEliminarLa verdad q esta historia m atrapo.
Espero la continuacion!!!
Deey